Las palabras de Jesús son duras, remueven hasta lo más profundo del corazón; Él, Jesús, lo resume con dos palabras: ESPÍRITU Y VIDA. A lo largo de toda la historia de la salvación, Dios ha ido aclarando y dando sentido a estas palabras. En oposición a ESPÍRITU, nos presenta esta otra palabra: LA CARNE, y nos manifiesta con toda claridad que esta, la carne, no sirve para nada. De una manera negativa ya se nos explicita que , si ponemos nuestras miras en esta realidad, vamos a una nulidad y destrucción de nosotros mismos. Por tanto, como oposición a la carne, está EL ESPÍRITU; lo cual significa que para experimentar la belleza y eficacia del ESPÍRITU, ha de ser Él el protagonista. No hay posibilidad de entender la eficacia del Espíritu, si conviven con Él los criterios del mundo, con todos sus intereses y exigencias. El CENTRO ES EL ESPÍRITU, que tiene una característica esencial: NO SE EXPLICA, SE EXPERIMENTA, SE SIENTE; esta es su identidad; y, todavía, se experimenta con más claridad, cuando experimentas fácil lo difícil, atraviesas montes y valles como senderos luminosos, vives en plenitud las pequeñas e insignificantes cosas de cada día, degustas los silencios de cada día como perlas preciosas que engalanan todo tú ser. Qué es esto? La otra palabra que configura el Espíritu; a saber: VIDA. ya tenemos el camino perfecto: ESPÍRITU Y VIDA Que configuran la figura de Jesús y se nos presenta a cada uno de nosotros, para que lo vivamos con claridad. No abandonemos este camino; si nuestra vida es lánguida y fría, es Jesús quien nos espera, regalándonos ESPÍRITU Y VIDA. Nosotros solo tenemos que mirarlo; el resto, el verdadero milagro, lo hace el Señor. Abre los ojos hacia Él, y déjate llenar de su ESPÍRITU Y VIDA.
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