miércoles, 18 de marzo de 2020

COMO MONJES AISLADOS UNOS DE LOS OTROS

Con esto no me estoy refiriendo a las circunstancias en la cuales nos encontramos ahora; de ninguna manera; era la realidad que encontrábamos en las personas, en las familias y en las relaciones de unos con los otros; comidas en familia en las que el protagonista era la televisión; encuentros de unos con los otros en los que quien tenía toda la importancia era el teléfono móvil; más aún, paseos personales o carreras pedestre en las que es preciso estar conectados a lago que nos distraiga. ¿Veis? como monjes aislados unos de los otros. Ahora bien, al menos, los monjes se alejaban para estar más con el Señor; Nosotros nos aislamos para no estar con nadie, o para llenar un vacío que nos molesta.
De una manera u otra, se nos invita-obliga, en estos momentos, a afrontar esta situación. Voy a estar con los míos, voy a estar con los que son los más importantes en mi vida: DIOS Y LOS DEMÁS. El papa ha salido del vaticano con una finalidad muy concreta: encontrarse con Dios y con la Santísima Virgen. En primer lugar, Ha visitado la imagen de la Virgen, sita en la Basílica Santa María la Mayor de Roma, y, a continuación, la basílica de San Marcelo que se encuentra en la popular via del Corso. En ambos lugares, Ha hecho esta plegaria:
HO CHIESTO AL SIGNORE DI FERMARE L’ EPIDEMIA; SIGNORE, FERMALA CON LA TUA MANO.
HE PEDIDO AL SEÑOR QUE DETENGA LA EPIDEMIA; SEÑOR, DETENLA CON TU MANO.
Es una invitación al encuentro con el Señor; no nos cansemos de rezar; y, si lo hacemos en familia, matrimonio con los hijos, Dios escuchará nuestra plegaria. Desde el Racó, os invito a este pequeño horario. A saber:
08’30 plegaria-encuentro con el Señor; tocaremos las campanas del Racó.
13’00 plegaria del mediodía; también las campanas anunciarán esta plegaria.
19’00 plegaria vespertina; en ella, las campanas, de nuevo, serán las protagonistas.
Ya sabéis, todos unidos en este triple encuentro con el Señor en favor de todos los necesitados. Dios quiere que pongamos, en primer plano, nuestro encuentro con Él y con los hermanos.


        Es el segundo punto: encuentro con los que, de verdad, quieres. Mirad, este encuentro está hecho de concreción; no valen suposiciones: sí, nosotros nos queremos mucho, pero…en la práctica, vivimos de espaldas unos de los otros; nosotros, de una manera teórica, no podríamos vivir sin ellos, pero…en la práctica, estamos apegados a otras realidades más que a ellos. No, no y no. Concreción significa que aparezcan las pequeñas cosas, como pasos en nuestro caminar; en estas pequeñas cosas reside todo nuestro tesoro; no está en tantas aplicaciones de nuestro móvil, ni en el disfrute de nuestro coche, casa o posición social o económica. Nuestro tesoro son las pequeñas cosas que cada día hago y realizo en beneficio de los demás.
Presta atención; quien está a tu lado es una persona que tiene corazón; y el corazón humano necesita ser mimado, cuidado; presta atención a los detalles mínimos, que, en medio del estrés de cada día, en tantas ocasiones, reposan en el anonimato de la cotidianidad. Hemos de despertar actitudes y sentimientos ocultos y ahogados en el trastero de nuestro interior. El papa Francisco nos los recuerda:
GESTOS DE TERNURA, DE AFECTO, DE COMPASIÓN, QUE, AUN SIENDO INSIGNIFICANTES, SON DECISIVOS E IMPORTANTES.
Estos momentos, son oportunidades para amarnos, para manifestar que nos amamos. Es triste que, en muchos hogares, puedan tener una repercusión negativa.
El papa Francisco aún concreta más estos gestos mínimos; a saber:
UNA COMIDA BUENA, HECHA CON PACIENCIA, AMOR Y ENTREGA… UNA CARICIA INESPERADA… UN ABRAZO ESPONTÁNEO… UNA LLAMADA TELFÓNICA A ALGUIEN QUE HACE MUCHO TIEMPO CON EL QUE NO HAS HABLADO, O CON EL QUE, QUIZÁ, HAS ROTO RELACIONES.
Y, no olvidemos: el sentido de nuestra vida radica en estas pequeñas e insignificantes acciones que aclaran y desarrollan nuestra vida de comunión. Son los secretos de la nueva vecindad. La fraternidad es un pan amasado con atención concreta a los hermanos y con una dosis de paciencia. Y este pan, aun comiéndolo en abundancia, nunca engorda; en cambio, sí sazona los corazones de los que contigo viven. Paz y bien desde el Racò. Y a ser monjes en comunicación con Dios y con los hermanos.
Y no lo olvides, aunque el sonar de las campanas del Racó no resuene en tu casa, óyelas y, siguiendo su invitación, óyelas en tu corazón y ponte en contacto con Dios y con los hermanos.
                                                P.Llopis (18/03/2020)

No hay comentarios:

Publicar un comentario