Con
esto no me estoy refiriendo a las circunstancias en la cuales nos
encontramos ahora; de ninguna manera; era la realidad que
encontrábamos en las personas, en las familias y en las relaciones
de unos con los otros; comidas en familia en las que el protagonista
era la televisión; encuentros de unos con los otros en los que quien
tenía toda la importancia era el teléfono móvil; más aún, paseos
personales o carreras pedestre en las que es preciso estar conectados
a lago que nos distraiga. ¿Veis? como monjes aislados unos de los
otros. Ahora bien, al menos, los monjes se alejaban para estar más
con el Señor; Nosotros nos aislamos para no estar con nadie, o para
llenar un vacío que nos molesta.
De
una manera u otra, se nos invita-obliga, en estos momentos, a
afrontar esta situación. Voy a estar con los míos, voy a estar con
los que son los más importantes en mi vida: DIOS Y LOS DEMÁS. El
papa ha salido del vaticano con una finalidad muy concreta:
encontrarse con Dios y con la Santísima Virgen. En primer lugar, Ha
visitado la imagen de la Virgen, sita en la Basílica Santa María la
Mayor de Roma, y, a continuación, la basílica de San Marcelo que se
encuentra en la popular via del Corso. En ambos lugares, Ha hecho
esta plegaria:
HO
CHIESTO AL SIGNORE DI FERMARE L’ EPIDEMIA; SIGNORE, FERMALA CON LA
TUA MANO.
HE
PEDIDO AL SEÑOR QUE DETENGA LA EPIDEMIA; SEÑOR, DETENLA CON TU
MANO.
Es
una invitación al encuentro con el Señor; no nos cansemos de rezar;
y, si lo hacemos en familia, matrimonio con los hijos, Dios escuchará
nuestra plegaria. Desde el Racó, os invito a este pequeño horario.
A saber:
08’30
plegaria-encuentro con el Señor; tocaremos las campanas del Racó.
13’00
plegaria del mediodía; también las campanas anunciarán esta
plegaria.
19’00
plegaria vespertina; en ella, las campanas, de nuevo, serán las
protagonistas.
Ya
sabéis, todos unidos en este triple encuentro con el Señor en favor
de todos los necesitados. Dios quiere que pongamos, en primer plano,
nuestro encuentro con Él y con los hermanos.
Es
el segundo punto: encuentro con los que, de verdad, quieres. Mirad,
este encuentro está hecho de concreción; no valen suposiciones: sí,
nosotros nos queremos mucho, pero…en la práctica, vivimos de
espaldas unos de los otros; nosotros, de una manera teórica, no
podríamos vivir sin ellos, pero…en la práctica, estamos apegados
a otras realidades más que a ellos. No, no y no. Concreción
significa que aparezcan las pequeñas cosas, como pasos en nuestro
caminar; en estas pequeñas cosas reside todo nuestro tesoro; no está
en tantas aplicaciones de nuestro móvil, ni en el disfrute de
nuestro coche, casa o posición social o económica. Nuestro tesoro
son las pequeñas cosas que cada día hago y realizo en beneficio de
los demás.
Presta
atención; quien está a tu lado es una persona que tiene corazón; y
el corazón humano necesita ser mimado, cuidado; presta atención a
los detalles mínimos, que, en medio del estrés de cada día, en
tantas ocasiones, reposan en el anonimato de la cotidianidad. Hemos
de despertar actitudes y sentimientos ocultos y ahogados en el
trastero de nuestro interior. El papa Francisco nos los recuerda:
GESTOS
DE TERNURA, DE AFECTO, DE COMPASIÓN, QUE, AUN SIENDO
INSIGNIFICANTES, SON DECISIVOS E IMPORTANTES.
Estos
momentos, son oportunidades para amarnos, para manifestar que nos
amamos. Es triste que, en muchos hogares, puedan tener una
repercusión negativa.
El
papa Francisco aún concreta más estos gestos mínimos; a saber:
UNA
COMIDA BUENA, HECHA CON PACIENCIA, AMOR Y ENTREGA… UNA CARICIA
INESPERADA… UN ABRAZO ESPONTÁNEO… UNA LLAMADA TELFÓNICA A
ALGUIEN QUE HACE MUCHO TIEMPO CON EL QUE NO HAS HABLADO, O CON EL
QUE, QUIZÁ, HAS ROTO RELACIONES.
Y, no olvidemos: el sentido de
nuestra vida radica en estas pequeñas e insignificantes acciones que
aclaran y desarrollan nuestra vida de comunión. Son los secretos de
la nueva vecindad. La fraternidad es un pan amasado con atención
concreta a los hermanos y con una dosis de paciencia. Y este pan, aun
comiéndolo en abundancia, nunca engorda; en cambio, sí sazona los
corazones de los que contigo viven. Paz y bien desde el Racò. Y a
ser monjes en comunicación con Dios y con los hermanos.
Y
no lo olvides, aunque el sonar de las campanas del Racó no resuene
en tu casa, óyelas y, siguiendo su invitación, óyelas en tu
corazón y ponte en contacto con Dios y con los hermanos.
P.Llopis (18/03/2020)
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