Nuestra vida es una continua acción de gracias. Es Dios quien nos dice: no te cierres en la pequeñez de tus cosas, tus preocupaciones y dificultades. Eso es cerrarse, como el profeta Elías, en la pequeñez de tu propia cueva; escucha, existe la infinitud, la grandeza, la plenitud! Solo que hay que estar atento al Dios que pasa, a la brisa suave del Jesús que nos susurra muy quedo a nuestra alma que tenemos un mundo a explorar, a mejorar y a experimentar. Sal de tu cueva; puestos así, solo convives con apariencias, con rigideces y con conflictos. Dios ha esparcido tu felicidad en la infinitud y pequeñez de todo lo que te envuelve. Dame, Señor, el poder salir de mis impertinencias e inoportunidades, y experimentar tu presencia en todos, todos sin excepción, los hermanos. Y es que lo que vale es que el corazón diga: gracias, Señor, por los hermanos. Cuando esto, de corazón, lo decimos, es signo inequívoco de que hemos salido de la trampa de nuestra propia cueva. Hoy, volvemos al Racó. Que el Señor y vosotros nos acompañéis a lo largo de nuestro viaje. Hermanos de Salamanca un abrazo de fraternidad. Ayer estuvimos con Isabel, con Raquel y Julio. Bueno, todo un gozo del alma. Familia, estamos en plena comunión. Paz y bien.
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