Estos abiertos a las sorpresas,, yo os diría, a las sorpresas de Dios. Dios no conoce la monotonía; Dios es novedad, sorpresa. He aquí que yo hago nuevas todas las cosas. Para ello, estamos iniciando nuestras jornadas, para ello, repito, hemos de dejar nuestra tierra; nuestra tierra es esa parcela insignificante y que nosotros, absurdamente, agrandamos, en la que, como en una prisión, nos anclamos. Hay que dar ese salto cualitativo, para encontrarnos con el Señor y con nosotros mismos. Nuestra parcela es monotonía, cansancio, desilusión; lo que se nos presenta es vida, comunión. Claro, que para eso hay que estar y encontrar el camino. Eso es lo que queremos experimentar, saborear las sorpresas de Dios; es ese hacer de nuestra vida el gozo constante del encuentro, que es el que nos hace caminar en medio de lo que se presente en nuestra vida. En este primer día, vamos ahora a entrar en ese silencio personal, por el que queremos que la presencia de Dios en los hermanos inunde de gozo toda nuestra vida. estaremos en continuo contacto y compartiremos lo que él Señor nos vaya presentando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario