Es duna duda que me
aparece, en muchas ocasiones, después de escuchar a muchas personas. Es muy
fácil presentar interrogantes a todos los niveles: personales, sociales,
familiares, escolares; diríamos que esto forma parte de eso que llamamos: un
cierto desahogo No tengáis prisa, me explico. La realidad es
que esta postura no deja de ser transitoria con todas las consecuencias; es
decir: pan para hoy y hambre para mañana. Por lo mismo, no nos sirve para
ponernos en el lugar que nos corresponde. Todo lo que, circunstancialmente y
momentáneamente, tiene un efecto inmediato sin más, no deja huella perenne en
la vida de la persona.
Lo que ocurre es que, en
multitud de ocasiones, somos víctimas de las apariencias y creemos más en los
efectos momentáneos y transitorios que en aquellos que dejan su huella de
eficacia, pero nos piden paciencia y constancia. Es por ello que somos dados,
muy dados, a formular preguntas, deseos, lamentaciones, incluso injusticias y
críticas, pero, con facilidad, somos duros en aceptar las respuestas oportunas
y comprometidas. Nos resulta más cómodo quedarnos a la entrada de todo, y,
cómodamente sentados en dicha entrada, no pasar en ese umbral y adentrarnos en
el compromiso de la solución de aquello mismo que presentamos. Nos quedamos en
las preguntas y obviamos las respuestas. No es el camino que nos enseña Jesús;
no es la línea que nos trazó San Francisco.
Hemos de ver la realidad
en toda su complejidad; toda ella es una llamada de atención y de compromiso,
de acogida y de escucha. No la desvirtuemos con miradas partidistas,
interesadas, subjetivas o puramente
críticas. Todo lo que sucede a nuestro alrededor nos pide una respuesta; o, si
queréis, una pregunta y una respuesta; ambas íntimamente relacionadas. Si
pregunto, es porque espero y quiero una respuesta; ambas son la actitud que
corresponde a aquello que me está sucediendo o está ocurriendo a mi alrededor.
Si me quedo únicamente con la pregunta, estoy manifestando que estoy viéndome o
mirando solo con los ojos de la carne o con mi pura inteligencia. Duc in altum,
hay que ir más adentro. Hemos de verlo todo con los ojos del corazón, que es
quien sabe siempre dar la respuesta oportuna, conveniente y necesaria.
y…¿CUÁL ES LA PREGIUNTA OPORTUNA Y LA
RESPUESTA CLARA?
En primer lugar, la que
acoge; la que acoge de corazón; lo cual significa que no nos dejamos llevar por
apariencias o criterios interesados; el verdadero sentido de este verbo, a-coger,
a-cogliere, es:
ADMITIR EN CASA, DAR
REFUGIO
Ya la misma palabra nos
pone en contacto con nuestros verdaderos interlocutores; con la acogida, damos
el verdadero sentido de nuestra vida, su sentido fraternal, que es el sentirnos
también responsables de las situaciones de los demás, conocer aquello de lo que
los hermanos tienen necesidad. Esto es no ser sordos a loa gritos de los
hermanos. Todo ser grita en silencio para ser leído de otra manera. Y esa
manera es: la acogida.
LA ACOGIDA Y LA
ESCUCHA
No tengamos prisa en
decir palabras; no demos soluciones que nadie nos está pidiendo; no seamos
protagonistas en la escucha, y mucho menos queramos demostrar lo mucho que
sabemos del tema; no nos pongamos nosotros el título de maestros. No es ese el
camino de la escucha. El camino de la escucha es: el silencio. Las palabras que
se deben escuchar son las del acogido;
las pocas palabras que nosotros podamos decir, deben nacer desde el silencio
reflexivo y mirada acogedora. La escucha es la que prepara, con eficacia, al
acogido a recibir la respuesta que le conviene. Lo importante es que él, el
acogido, encuentre lo que desea su corazón, que, si no escuchamos, expondremos
lo que nosotros deseamos, que, difícilmente, coincidirá con lo que su corazón
anhela.
Esto es lo que el
próximo sábado deseamos presentar. Todo el día dedicados a la escucha como
fuente de todo lo que nosotros queremos conseguir.
LA ESCUCHA FUENTE DE
DIÁLOGO…
LA ESCUCHA FUENTE DE FRATERNIDAD…
LA ESCUCHA FUENTE DE
SILENCIO…
LA ESCUCHA FUENTE DE
COMPROMISO.
Cada tema viene
preparado por alguno de los hermanos. Lo importante es que lo hagamos de una
manera presencial. Os esperamos en el Racó.
Todo ello incluye misa y mesa. Por ello es importante que seáis buenos y
nos aviséis de vuestra venida.
Paz y bien. El miércoles
tendréis más noticias.
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