Muchas connotaciones le podríamos colocar a esta palabra; en cambio, yo le voy a dar una más accesible a todos y cada uno de nosotros; vamos a prescindir de todo aquello que pueda entrar en una dimensión más al alcance de la mano, más del caminar de cada día. Su etimología nos habla de un “ESTAR”, del griego: istemi, o del latín: stare; con el prefijo preposicional: ex, latino, o ek, griego. Su significado podría ser: ESTAR FUERA DE SÍ.
Claro, atendiendo a este inicial significado, en muchas ocasiones, estamos fuera de sí, de nosotros mismos, absortos en una actividad que nos centra y concentra, alejándonos de otra realidad; es, efectivamente y atendiendo a su significado etimológico, una dimensión estática; eso sí, nunca será una dimensión estática; siempre es una verdadera realidad dinámica; es siempre como una interrelación entre la actividad y la concentración u atención.
Ahora, vamos a ponerles nombre al SÍ, que sería: el yo, y el fuera, que sería: LA GRACIA, O DIOS… el yo tiene unas connotaciones especiales, que llamaríamos: “exigencias”; si dejamos que estas se desarrollen y se apoderen de nosotros, no hacemos posible el éxtasis; lo que ocurre es que nos centra más sobre nosotros mismos, alejándonos de Dios, de la gracia, lo que hacemos es servir y hacernos esclavos de realidades que intensifican nuestra nulidad, como son las exigencias de un yo descolocado; en cambio, en el éxtasis, somos verdaderamente ”nosotros mismos”, o, si queréis, soy “yo mismo” con más intensidad. Cuando Dios se apodera de nosotros mismos, es cuando, realmente, somos nosotros mismos; hemos destruido lo que nos deshumaniza, y hemos dado pábulo y vida a lo que, de verdad, somos nosotros mismos.
Lo que estamos descubriendo es que: dejarnos conducir por las apariencias primarias desenfocan totalmente la verdadera realidad de nosotros mismos. En la vida es muy importante saber discernir, en medio de la amalgama de tantos estímulos y ofertas que se nos presentan, todo aquello que nos conduce a la vida. Y…
¿CÓMO SE CONSIGUE ESTA CLARIDAD DEL DISCERNIMIENTO?
La respuesta es muy sencilla:
BÚSCALO
No dejes de buscarlo. El Señor nos dice: el que busca, encuentra; no le pongas tantas fáciles excusas a tu búsqueda; buscar a medias tiene un único resultado: no encuentras. Analiza los fracasos que has tenido en tantas aventuras en que has buscado y no has encontrado, y me darás la razón a lo que te estoy exponiendo. Jesús no complica la palabra buscar, no le añade más complicaciones, ni condiciones; todo se concentra en la palabra: BUSCAR. Resultado: ENCONTRAR. No especifica ni concreta aquello que vas a encontrar. La correlación e interrelación entre los dos verbos no corresponde a nosotros. Eso es del Señor. Nos habla del amor; hay que amar, nos dice. Somos nosotros los que añadimos ahora tantas connotaciones, justificaciones, razones que obnubilan la palabra amar.
Llegar al éxtasis de nosotros mismos es muy sencillo:
LEE CON CLARIDAD LAS PALABRAS EVANGÉLICAS Y ENTRÉGATE A ELLAS. LA RESPUESTA ESTÁ EN LA INTENSIDAD Y FUERZA CON LA QUE TE ENTREGAS A ELLAS. DISFRUTAR DE ELLO, HE AHÍ EL ÉXTASIS.
Así fue el sábado pasado, dedicado a la escucha. Se dijeron cosas preciosas; ya os pasaré algunas. Pero, todo y ser tan importante esta realidad, lo que se vivió fue infinitamente superior a lo que se escuchó. Eso es el éxtasis:
Olvidarnos de nosotros mismos…
Ceder todo el protagonismo a Dios…
Compartirlo todo con los hermanos.
Si es que, al fin y a la postre, el éxtasis es algo mucho más sencillo que lo que habíamos imaginado; ya veis, todos hemos tenido y tenemos experiencias estáticas. Cede el protagonismo a Dios y lo experimentarás. Paz y bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario