Día de intensidad de alegría; es la fiesta de San Agustín; modelo de entrega a Dios; caminó por los caminos de la necedad, pero, cuando encontró a Dios, lo supo seguir con toda integridad. Cristiano, obispo y fundador. Su Regla de vida monástica es un modelo de encuentro y vivencia personal y comunitaria con Dios. Si a eso añadimos sus profundos conocimientos, convertidos todos ellos en sabiduría y gozo de Dios, no es de extrañar que sea un profundo pilar de nuestra iglesia y una columna de la filosofía y teología cristianas. Importantes sus coloquios espirituales con su madre Santa Mónica, que celebrábamos ayer, y que San Agustín narra en sus Confesiones. Encuentro con Dios, que se convierte en gozo del alma, en fuerza que avanza en la tempestad y en silencio sonoro en el que siempre escuchamos todo lo que nos conviene. No es un santo para admirar; es sobre todo, un camino seguro y eficaz para encontrar al Señor. Nos acordamos de tantas comunidades que siguen a nuestro santo: la comunidad de agustinas de Montornés, en Benicàssim y los hermanos agustinos de Castelló. Esto en nuestra diócesis. Recordamos a las hermanas agustinas de Rubielos de Mora, a las que, igual que a las primeras, he atendido con tantísimo esmero y de las que guardo un recuerdo entrañable. Encuentro con Dios, gozo en el alma y fuerza en las dificultades. Ese es Jesús, sellado en San Agustín y camino eficaz para cada uno de nosotros. Paz y bien a todos.
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