viernes, 24 de septiembre de 2021

INICIO DE LA NOVENA DE SAN FRANCISCO

 Concretamente, es el día 24 de septiembre, día señalado por ser la festividad de la virgen de la Merced; terminará la novena el día dos de octubre. Para todos nosotros, es muy importante esta fecha y esta novena para adentrarnos, con fuerza e intensidad, en la vida y mensaje de San Francisco como seguidor perfecto de Jesús. Ya antes de empezar esta nuestra novena, conviene recalcar una realidad que considero muy importante:

NO ESPEREMOS DE SAN FRANCISCO DISCURSOS ARROGANTES, RAZONAMIENTOS PROFUNDOS, DISQUISICIONES BIEN PLANTEADAS; TODO EN ÉL SE ENCUENTRA ENMARCADO EN EL GRAN CUADRO DE LA SENCILLEZ, DE LA HUMILDAD Y DE LA FACILIDAD”.

Todo se encuentra al alcance de la mano. Admiramos a San Francisco porque es el santo del pueblo; todo en él tiene un denominador común: la facilidad; hacer oración no es un discurso por el que vas descubriendo secretos insondables y profundos; no. Simplemente, “haz oración TODOS los días”, y entrarás en la facilidad de la oración. Amar no es un discurso; es la realidad más acorde y espontánea con lo que somos y deseamos; por tanto, ama, siéntete amado y experimentarás la belleza de sumergirte en el amor. Más aún, ama y gozarás. No hay más misterio. La facilidad se encuentra en la entrega; el gozo se experimenta en la constancia. En esto, ocurre como en la vida en cada una de las actividades; la destreza, la habilidad, la facilidad, es la consecuencia lógica de la entrega y del ejercicio diario.

Claro que San Francisco encontraba dificultades en el encuentro con Dios en la oración; se distraía, con frecuencia como todos y cada uno de nosotros; pero, no conversaba con las distracciones, eso forma parte de insignificantes circunstancias que, si no conversas con ellas, entran en el limbo de la no existencia. Las distracciones son como el viento; su esencia es ir y venir, y, sin más, desaparecen, no son más, ni pretenden otra cosa; ellas quieren ser lo que son. Ahora bien, si conversas con ellas, las estabilizas, destruyes su esencia, se apoderan de ti y se convierten en verdugos capaces de martirizarte.

San Francisco hablaba con Dios, se dirigía a Dios, escuchaba a Dios; y todo lo que se interponía en ese camino, lo despreciaba, la marginaba y no le interesaba. San Francisco nos enseña, sin pretenderlo, lo fácil que es seguir a Jesús, aun cuando, a los ojos humanos, “parece” que estás haciendo cosas espectaculares y trascendentales. Siempre encontraremos esta paradoja: lo que resulta fácil a los ojos humanos, se convierte en obstáculo y dificultad a los deseos del corazón; y, al contrario, los ojos del corazón tiene intereses muy distintos a la vulgaridad y superficialidad humana.

San Francisco buscaba la autenticidad, la sinceridad, LO QUE SOMOS A LOS OJOS DE DIOS; y así dirá: lo que eres a los ojos de Dios, eso es lo que eres y nada más. Es el principio de toda madurez: la aceptación de nuestra propia realidad, lejos de toda apariencia y vivencia de aquello que no somos. Y es que, eliminada la apariencia, el camino a recorrer se vuelve sencillo y ligero. No necesitamos armas para defendernos ni para atacar a nadie, pues sabemos, y de ello partimos, de nuestra verdadera debilidad que nos invita a buscar la verdad, que es la que afianzará y afirmará nuestra innata y ya dicha debilidad. Y el diálogo se convierte en el normal y espontáneo camino que conduce a nuestra convivencia en paz. Dios nos habla con inusitada frecuencia por medio de los hermanos.

San Francisco nos habla de la cualidad de la escucha. Y es que la virtud espontánea de la persona humana. Si Dios nos ha creado para convivir, ello lleva anejo de una manera esencial el que escuchemos a aquellos con los que convivimos; si ellos son esenciales para nuestra convivencia, lo son, igualmente y con la misma intensidad, esenciales para nuestro diálogo y búsqueda de la verdad.

Y San Francisco nos ha enseñado algo que el ajetreo de la vida, con frecuencia y de una manera práctica, nos hace olvidar:

DIOS ES LA PIEDRA VIVA DE NUESTRA VIDA

No lo es nuestro trabajo, ni nuestras seguridades humanas, ni siquiera la familia o los amigos; es Dios, la fuente viva es Dios, el secreto de toda fuerza y eficacia es Dios; y es a Dios a Quien hemos de acoplar cada una de las realidades de nuestra vida; todas han de estar iluminadas por esta verdad esencial:

DIOS ES EL CENTRO DE NUESTRO VIVIR.

Y, mirad, contemplad, San Francisco se sentía seguro, en medio de un sinfín de dificultades, en Dios y con Dios. Hemos de estar continuamente renovando esta clara realidad. Todo se ilumina, si Dios habita en nosotros; todo se supera, si estamos dispuestos a recibir la luz de Dios; todo se vuelve fácil, si dejamos pasar la fuerza de Dios. San Francisco solo es un reflejo fiel del camino que nos presenta Jesús, el Señor.

Estad atentos a las reflexiones que cada día de la novena presentaremos en el Whatsapp de la mañana. Antes del día 10 de octubre que celebraremos en el Racó la fiesta de San Francisco, enviaremos también alguna reflexión sobre la espiritualidad franciscana. Atentos a las reflexiones matinales. Por supuesto, que el día cuatro de octubre, fiesta de San Francisco, aunque externamente no lo celebremos, será un día especial para todos nosotros.

Paz y bien y hasta pronto.

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