Reflexión P.Llopis 07/07/21
Es el Señor el que nos quiere sorprender. Dios, diríamos, quiere llamar nuestra atención. Para San Francisco quedaba profundamente estático ante el misterio de la encarnación. En Nazaret, sus habitantes en entraban en ese maravilloso asombro: el Hijo de Dios está entre nosotros; y lo hace de una manera normal; es el hijo de María, que no destaca por su influencia social, ni por una formación intelectual, y si es su padre, todos lo conocemos; es el carpintero del pueblo. Y así vamos poniendo argumentos humanos que obnubilan el verdadero sentido de todo lo que están viendo. Y es así, ver a Dios es algo que supera toda realidad, los místicos hablaban de "excessus mentis", o también "rapto de la mente", que, en cambio, tiene unas connotaciones humanas muy sencilla y que parecen normales. Hay que aprender a asombrarse para que nuestra relación con Dios no sea desescalada progresiva que acaba desapareciendo. Leamos a Dios en las pequeñas e insignificantes escenas de nuestra vida y alcanzaremos las cimas sublimes del Reino de la novedad y del asombro. El gran milagro es que ese , Jesús de Nazaret, ese, repito, que saben Quién es, que conocen a sus padres, a sus hermanos y a toda su trayectoria, ese, pues, ES EL HIJO DE DIOS. Ese salto es de cualidad por el que Dios nos invita a asombrarnos, como a escandalizarnos, para poder así disfrutar de su encuentro y eficacia. Piensa en los momentos sencillos con los que te vas a encontrar y con los que, en cambio, vas a asombrarte de lo mucho y grande que Dios quiere realizar en tu vida.
Reflexión P.Llopis 08/07/21
Siguiendo con línea anterior, pongo este pensamiento inicial: la vida no es monotonía. Aparentemente, aún ocurriendo los mismos fenómenos y realizando diariamente las mismas tareas, nunca la vida es monotonía. La misma naturaleza nos regala todos los día un amanecer o un atardecer; pero..., cada uno de ellos siempre es novedad y belleza respecto al anterior. Cada árbol, aún siendo de la misma especie, es distinto del que tiene a su lado. Sólo descubre la novedad quien no es víctima de la monotonía. Dios nos regala sorpresas por doquier; Dios no es melancolía, derrotismo, aburrimiento; Dios no es desilusión, miedo y cobardía. Dios es inicio, desarrollo, novedad, asombro, sorpresa, ilusión. Mira a Dios cada día, a cada momento, y encontrarás tu verdadero rostro, encontrarás y experimentarás el brillo de los ojos, que no depende de interesados egoísmos; depende de la novedad del corazón. Nos dice el Señor: he aquí que yo hago nuevas todas las cosa; recedant vetera, Nova sint OMNIA. Y esa novedad la produce el asombro novedoso con el Señor. Nos hemos asombrado con el Señor, nos hemos asombrado por lo que ha hecho con nosotros, viles e insignificantes criaturas; nuestra misión, esa a la que nos envía el Señor, es asombrar; es decir: que nadie encuentre explicación coherente a aquello que realizamos, pues Dios el autor de esa conducta. No tengamos miedo, en nombre del Señor, asombrarnos al mundo de hoy.
Reflexión P.Llopis 09/07/21
Nuestra misión fundamental, aquella que está por encima de toda ley moral, humana o dimensión racional, es : TRANSFORMAR LA MARERIA EN ESPÍRITU. No se trata de eliminar la materia, es el habitáculo imprescindible; se trata de fusión, inclusión del espíritu y experimentar el predominio y primacía del Espíritu en la materia. La cumbre de lo que estamos presentando sucede en la Berna, que es una réplica FRANCISCANA del monte Calvario. San Francisco contempla al Serafín alado, es el punto místico, misterioso y real en el que Jesús, el Señor, va a tomar la primacía en su vida. Esa es experiencia es la mayor CERTEZA; no hay nada parangonable a esa seguridad experimental. Siente que Jesús, hecho Espíritu, se ENCARNA hecho todo en la totalidad de su ser; ya nada escapa a la influencia de esa presencia divina. San Francisco bajará de las cumbres de la Verna; pero su vida siempre estará en esa cumbre divina en la que la materia, su materia, se ha convertido en Espíritu. No necesita argumentos racionales para su certeza; ha sentido y experimentado la plenitud de la verdad; no necesita otras connotaciones que le expliquen lo que le sucede, está en la dimensión del "raptus", ha sido raptado por la presencia del Cristo-Espíritu, y derramaré de Él, de ese Espíritu, todas las realidades materiales en las que se encuentre inmerso. Es está la plenitud del conocimiento; en esta plenitud, experimentas la fuerza protagonista del alma sobre la materialidad; es la materia, el raciocinio que cede Santa la claridad y evidencia de la gracia que nos invade con su presencia. Deja que el buen Dios, Jesús, el Señor, transforme nuestra materia en Espíritu. Presentaremos sus consecuencias. Ahora basta dejar espacio para que sintamos su presencia transformadora.
Reflexión P.Llopis 10/07/21
Sí contemplamos a Jesús, el Señor, lo vemos y lo sentimos como amor y humildad. Es riquísima la variedad y polifacética proyección de su vida; TODO lo podemos resumir en estas dos virtudes esenciales: amor y humildad. AMOR que es la razón viva y el secreto presente que alimenta y estimula todos los entresijos y actos de la vida de Jesús; y, acompañando al AMOR, el tesoro de la humildad, que es una real y profunda liberación personal, por la que su "yo" queda reducido a la mínima expresión, dando y dejando espacio a lo que y a Quien es importante en nuestra vida. Sobre ella volveremos mañana en la Palabra de Dios que la liturgia nos presentará en el próximo domingo. Son las dos virtudes características y esenciales en la carrera de nuestra vida. Y esto es muy importante. Mirad, no contemplamos nuestra vida como un sueño de realidades maravillosas, pero..., que las sentimos inalcanzables; es como admirar la cima de la montaña, su belleza infinita , y sentir que nunca vamos a gozar de ella; no es así la presencia de Jesús. Su presencia humilde y amorosa es el MEDIO EFICAZ POR MEDIO DEL CUAL CADA UNO DE NOSOTROS TIENE GARANTÍA DE ÉXITO, PARA OPONERSE Y DERROTAR AL ORGULLO, A LA VILEZA DE NUESTRA VIDA, A NUESTRO AFÁN DE COMPETENCIA, A NUESTRO AFÁN DE PROTAGONISMO Y APARIENCIA. ESTA ES NUESTRA GRAN LIBERACIÓN: amor y humildad; con ellas, paseas por este hermoso jardín de nuestra vida, aunque hayan abrojos y espinas. Es nuestra paz que, en este caso, es la seguridad en nuestro caminar, es nuestra espontaneidad en asumir y acoger lo que son las cargas de los demás sin sentir pesadez, agobio y cansancio personal. La vida de Jesús fue el olvido de sí mismo y depositar sobre sus hombros las penas y fatigas de los demás. ESTA ES la traducción viva, real y eficaz de lo que es, visiblemente, el amor y la humildad. Despierta y contempla, como sentimiento primordial, el sufrimiento de los demás, y preséntalo ante el Señor. Es el verdadero amor y humildad que atraviesa las rocas y sube las montañas.
Reflexión P.Llopis 11/07/21
Y es que no hace falta nada más; sólo un bastón, sandalias y una túnica, y así adentrarnos en las calles de este mundo. Nuestro tesoro es Jesús, el Señor. Tener el corazón dividido nos lleva a la pérdida total de autoridad. ESTA, nuestra autoridad, nace y se desarrolla en y desde nuestra liberación, desde la sencillez; cuando esto lo entendemos y lo experimentamos es cuando se nos regala toda autoridad; autoriza de tener dominio sobre espíritus inmundos; importante este discernimiento; liberar nuestra mente tenerla en condiciones siempre de vivir para lo que hemos sido creados: para amar. Y con este camino iniciado, con esta autoridad regalada, otorgada, en nombre del Señor, sanar...., sanar a todos los enfermos. Dios es salud, salvación, nuestro Espíritu "nunca" debe estar enfermo; liberado, tiene en posesión la salud-salvación; madurar en la vida es ir creciendo cada día más en intensidad de salud-salvación; el que decae es el cuerpo; el Espíritu cada día, cada momento crece en intensidad de salud-salvación. Y es así como damos a los demás lo que gratis hemos recibido del Señor: la sanación. Y con todo este bagaje divino, nos adentramos en todas las casas, ofreciendo la paz y el amor. Sa Francisco, cuando oyó, escuchó estas palabras, saltó de gozo, exclamando: ESTO ES LO QUE YO BUSCABA. Y se hizo itinerante del amor y de la paz. Il Signore vi día la pace. No hay misión más hermosa: liberarnos, sanar y ofrecer la paz. Que no entorpezca tanta maravilla, el afán equivocado por realidades absurdas.
Reflexión P.Llopis 12/07/21
El mensaje de Jesús, el Señor, nos invita a hacer de nuestras vidas una auténtica y real familia. En una familia, siempre gira todo alrededor del necesitado. Si un hijo tiene una enfermedad o cualquier otra circunstancia todo el resto de los miembros se vuelcan en esa misma dirección y objetivo: atender esa circunstancia. Eso es lo que llamamos la acogida. El vínculo real de la familia en la fe lo crea Jesús, el Señor; y hasta tal punto que constituye a esta realidad familiar con su consecuente acogida como la esencia fundamental de la Fe cristiana. Nuestra esencia fontal consiste en una relación entre el hombre y el Dios de Jesucristo, que es el origen creador de nuestra familia; y se concreta de una manera visible en la relación del hombre con el hombre. Lo vemos en el Evangelio de Jesús; el Señor se revela a través del necesitado, puede ser el pobre, el extranjero, el desnudo, el hambriento o el prisionero. Yo os diría que nadie escapa a alguna de estas realidades. Ante Dios todos somos necesitados; todos somos escogidos y acogidos por Dios de una manera acorde con nuestras necesidades. Nunca el Señor nos deja abandonados a nuestra suerte y soledad. Y esto es muy importante, pues la esencia de la acogida estriba en la actitud de Dios, por la que nosotros, todos, nos sentimos en nuestra necesidad, acogidos y amparados por su bondad divina; esta acogida personal es el aprendizaje, sin ella, somos fríos e insensibles ante las necesidades de los demás. El aprendizaje no es teórico y racional; es práctico y sensible; Dios acoge nuestra debilidad-necesidad, y, acompañándonos, nos enseña y nos traza el camino que conduce a acoger de corazón a los hermanos. Los acogernos en Jesús, como Él lo ha hecho con cada uno de nosotros. ESTA ES la acogida que no degrada, no humilla; no escogemos a los necesitados desde el trono de nuestra autosuficiencia y protagonismo, sino desde la humildad y pobreza por la cual es Jesús Quien ha dañado nuestra miseria y nos ha enseñado el camino humilde de la misericordia hacia los demás. Pongamos hoy lo que somos en las manos del Señor, y abramos los ojos a los hermanos en sus múltiples y variadas necesidades.
Reflexión P.Llopis 13/07/21
El Señor sabe mejor que nosotros de nuestras necesidades, dificultades e incluso de la manera de superarlas. Cuando nos invita a seguir un camino, es porque sabe que es lo que nos conviene y es lo que se adecúa con claridad a nuestra esencia y realidad. Esa es la verdad de la acogida. Jesús la vivió con intensidad; su vida fue acoger al necesitado. Y, de su experiencia vital, nace y proyecta en nosotros y hacia nosotros, la virtud de la acogida. Contrasta, eso sí, con esa manera vulgar de los criterios humanos, por los cuales hay una cierta tendencia hacia el ensimismamiento, la autofelicidad y falta de comunicación. Lo importante es : distraerse, auto-pasarlo bien, lo que conlleva tremendas consecuencias negativas de todo tipo. Lo que sea olvidar a los demás, nos aleja del camino de la madurez y de los demás. Jesús sabe que lo "humano" es salir de nosotros mismos, buscar al otro, al distinto de mí mismo, y en él, en una relación de alteridad, conformar la verdadera esencia de nosotros mismos y encontrar nuestra madurez, amor y paz. Constatamos la verdadera realidad de nosotros mismos en la salida de ese ensimismamiento y huida de nuestra autocomplacencia, para navegar en la acogida y comunicación con el hermano y con el hermano necesitado. Y esa es la manera y el camino por el que encontramos aquello que nuestro corazón anhela. Acoger a los hermanos necesitados es salir a la periferia de nosotros mismos, del bucle de nuestras necesidades personales, y en sucia nuestros pies del barro de las necesidades de los hermanos. El agua estancado, fácilmente se estropea, se pudre y huele; en cambio, el agua que corre, sabe de problemas y cascadas, se renueva y enriquece. Ese es nuestro camino; nos enriquecernos y maduramos cuando, A pesar de barrancos y tormentas, nuestra vida, por medio de la acogida, está al servicio de los hermanos necesitados.
Reflexión P.Llopis 14/07/21
La acogida tiene su apéndice esencial en el encuentro. A veces, se tiene mucho miedo a esta palabra "encuentro". Cuando no se dan las coordenadas oportunas, se puede producir un auténtico huracán; en cambio, cuando ocurre lo contrario, aparece la bonanza. No se puede progresar sin está acepción; con mucha frecuencia, hay un criterio negativo que conduce igualmente a consecuencias negativas; así, preferimos, ante algo que no funciona, guardar silencio, porque...; y ahí ponemos un montón de razones o motivos que sólo manifiestan nuestra incapacidad de afrontar con caridad un conflicto; yo llamo a esta postura " SILENCIO DEFENSIVO". A la larga, siempre acaba mal; y el miedo conduce a una explosión-reacción en la que se dice lo que no se quiere y se hace lo que, de verdad, hiere. No es ese el camino. Hemos de trabajarnos para que el ENCUENTRO vaya siempre de la mano de LA ACOGIDA; esta es la que hace que desaparezca nuestro afán o anhelo de atacar o humillar a nadie, o de defendernos nosotros para salir airosos o estar por encima de los demás. El encuentro sin la acogida es ir "en contra" de los demás, tiene ese matiz dañino que emponziña la realidad, envenena el verdadero sentido de aquello que está sucediendo. El silencio siempre es un remedio, una solución; nunca es un escondite, u cobardemente, dejar que las cosas se escondan. El silencio es un trabajo interior por el que estimula nuestro espíritu a buscar la verdad, sin miedo a encontrarnos con ella, aunque nos duela en el alma porque va en contra de nuestros intereses. La acogida que conduce al encuentro está siempre bañada de caridad-amor, y es el camino que revela la verdad. Hay que perder el miedo para encontrarnos con Dios y con los hermanos. La verdad se encuentra y se amasa en la comunión con los hermanos.
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